John Bali in Asia

I love this game, I love this job

Living among the dead

Posted By on junio 3, 2013

Aquí os dejo otra galería, de la gente que vive en el North Cemetery de Manila, espero que os guste.

 

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Bloody Holy Week in Philippines.

Posted By on mayo 30, 2013

Como últimamente no tengo muchas cosas que contar, os voy a poner algunas de las nuevas galerías que he ido haciendo este tiempo aquí en Asia. Espero que os gusten. Enjoy.

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En las entrañas del mismísimo infierno.

Posted By on mayo 3, 2013

Lo sé, lo sé, me repito con lo mismo, pero es que siempre tengo que hacer reportajes a unos horarios…!!! Son las cuatro de la mañana y suena el desagradable sonido de mi despertador. Estoy en Sempol en un Homestay con ventilador muy cerca de la mayor zona volcánica de Java, en Indonesia. Sempol es un pequeño pueblo de amable gente y escasos sitios para comer, llegué ayer acompañado de mi amigo Luis Garrido-Julve con la intención de hacer un reportaje sobre posiblemente, unos de los trabajos mas duros del mundo, la extracción de azufre del interior del volcán Kawah Ijen.

Vista durante la ascension al kawah Ijen

Clica en las imágenes para ampliarlas

Siempre que hago alguno de estos reportajes, no puedo dejar de pensar en algunos de mis  ex-compañeros/as de trabajo en mi antiguo diario,  esos que siempre se quejaban de lo cansado que estaban y lo cansado que es su profesión, la profesión de ir en taxi (pagados, claro) a los sitios para asistir a conferencias de prensa o comidas y después sentar las posaderas en la silla de la redacción con aire acondicionado o calefacción, a escribir una…noticia, por llamarle de algún modo. Ok, ok, no voy a seguir por aquí, pues ni es interesante para ustedes, ni relevante en este post. Y ademas me cabreo.

Volvamos a lo nuestro. Cuando Luis y yo nos hemos desperezado , y tras unas cuantas explosiones del calentador de agua, al cual le agradecemos tener un poco de agua caliente, pues hace días que desconocíamos cual era el contacto con ella. Tomamos un café con unas pastas que nos dan en el Homestay y puntuales llegan los motoristas que hemos contratado para ir hasta la falda del volcán. Algunos turistas con los que nos hemos cruzado, nos han avisado de la dificultad de las carreteras y el mal estado en la que están. Nos abrigamos pues a las cinco de la mañana hace mucho frío y partimos en dirección al volcán, yo tengo miedo (y eso que he ido en moto toda la vida) de la carretera, una caída podría estropear mi equipo y no está el horno para bollos.

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No hemos salido del pueblo, (debe de ser una tradición en Indonesia, pues nos ha pasado en todos los transportes), y se paran a poner gasolina…al cabo del rato proseguimos la marcha, empieza a amanecer y hace frío, yo espero que en cualquier momento la carretera se vuelva un infierno, no pasará en todo el camino, tan solo algún agujero, pero todo el camino esta asfaltado, me acuerdo de los turistas…tras una media hora de esas carreteras “infernales“, llegamos a inicio de lo que será el camino al verdadero infierno, por delante nos esperan tres kilómetros de una infernal cuesta que tenemos que hacer a pie, hasta la boca del volcán.

Al inicio del camino se une a nosotros un nativo, mas adelante averiguaremos quien es. El camino es duro, muy duro, yo voy cargado con mis cámaras, me cuesta caminar y aunque el paisaje es maravilloso, mis piernas y yo, tenemos que ir descansando. Toso y esputo por el camino y maldigo el tabaco que me fumo tan a gusto y que ahora no me apetece en absoluto, creo que es la primera vez que no fumo en tanto rato sin estar en un avión. EL frío ha desparecido, me voy quitando las capas de ropa que llevaba y la calor asiática aflora por mis poros.

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Durante la caminata con nuestro agregado  y contertulio, nos cuenta que él es el supervisor jefe del volcán, él es el encargado de controlar que todo esté en orden y no haya peligro para los hombres que trabajan en las entrañas del Kawah Ijen. Entonces a mitad de la caminata, es cuando nos explica que hay un problema, que el volcán está en plena actividad y que es tan peligroso para los trabajadores, que no hay ninguno a excepción de él y alguno mas de su equipo de supervisión. Nos cae un jarro de agua fría en nuestras cabezas, todos los esfuerzos por llegar a este rincón de Java,  todas las luchas con taxistas, hosteleros y demás sinvergüenzas del país no han valido para nada, mi cámara sellada con cinta americana para evitar que el humo la estropeé, no podemos hacer nuestro reportaje. Me quedo parado, no se que decir…ni que hacer, bueno de hacer poco, claro. La madre naturaleza se a puesto en nuestra contra y no hay nada que hacer en mas de una semana, al menos. Finalmente, nos dice, que no nos preocupemos, que podremos bajar al cráter con él, bueno, al menos podremos usar las mascaras que nos hemos comprado en Bangkok y que tan difícilmente volveremos a utilizar nunca.

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Tras mas de una hora y media de ascensión llegamos al final del cono volcánico, desde allí podemos divisar todo el interior del cráter, parece que estemos en otro planeta, jamas había visto nada parecido, divisamos el lago azulado de agua sulfúrica del fondo y las enormes columnas de humo que del interior sale, nos quedamos petrificados ante la majestuosidad de tal maravilla, es una imagen entre ver el fondo del infierno y una postal de alguna luna perdida del espacio, es magnifico, excitante y aterrador.

Iniciamos el descenso junto a nuestro acompañante, nos advierte del peligro y que debemos tener las mascaras preparadas, así lo hacemos, el camino de descenso al cráter en realidad no es ningún camino, es ir prácticamente ir saltando de piedra en piedra, lo hacemos con sumo cuidado, hace un par de años, un turista francés que lo intentó, se despeño y murió durante la bajada. Antes de llegar al final ya tenemos las gafas y las mascaras puestas, el humo y el olor incluso se filtran a través de ellas, la boca se seca con un extraño sabor, ahora comprendo porque la media de vida de los trabajadores es de cincuenta años, esto es el autentico infierno, y estamos dentro de él.

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Allí dentro parece que estemos en otro planeta, tuberías para controlar la salida del azufre liquido expulsando humo, un suelo de color naranja y amarillo y un lago de color azul que invitaría a bañarse si no fuese que sería lo ultimo que haríamos en nuestras vidas, pues no deja de ser un gran lago de ácido. Nuestro amigo controla el calor del lago (la temperatura a subido 35 grados de su estado normal) y el estado de las salidas de azufre, tratan de enfriarlas con mangueras de agua, para que el azufre que sale en estado liquido no disuelva el hierro de esos conductos.

Al  rato decidimos que ya tenemos suficientes fotos, de lo poco que hay  e iniciamos el ascenso solos, al principio no sabemos por donde subir, pero al final hacemos como Hansel y Gretel y seguimos el rastro amarillo dejado por los trabajadores cuando suben la carga, por el camino necesitamos volver a ponernos las mascaras, pues un repentino cambio de aire, hace que el humo no envuelva, yo estoy exhausto sudo, toso, necesito agua para refrescar mi boca. Finalmente llegamos a la cumbre cansados, defraudados al no poder hacer el reportaje, pero al mismo tiempo estamos eufóricos al haber vivido esa experiencia. Por fin nos sentamos a descansar, y yo, me enciendo un cigarro.

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John Bali

 

 

 

 

¿Qué come Chuck Norris?

Posted By on marzo 5, 2013

¿Por qué todas las cosas se hacen tan temprano en estos países?, ¿por la calor?, yo creo que no, es para tocarme a mi las narices. Son las 3,30 de la…¿mañana o noche?, bueno, no lo sé, es miércoles y me estoy levantando para ir a ver un entreno de los Marines Americanos, en el cual aprenderán técnicas de supervivencia en la jungla, vamos, mas que técnicas, conocerán que comer en ella. Es decir la dieta de Chuck Norris, y es que ya lo dicen: “Cuando Chuck Norris come chicharrones, los chicharrones no hacen ruido“.

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Llego en coche acompañado de dos amigos fotógrafos a la playa de Hat Yao en la provincia de Chonburi. En la puerta de la base nos espera el Teniente Primero Baugth. Durante unas semanas alrededor de 10.000 soldados americanos y sus homólogos tailandeses, la Thai Navy Marines aprenderán técnicas de supervivencia y combate en la jungla del Sudeste Asiático. Los periodistas podemos asistir a alguno de estos ejercicios y este es el  “Cobra Gold 2013“.

_ALI6439 _ALI6444A llegar a la playa me apresuro a ponerme crema solar no me quiero quemar con el sol, pero el lugar de entrenamiento de hoy, es bajo un árbol a la sombra..empezamos bien. Allí unas decenas de Marines escuchan a un suboficial de ejercito tailandés, con mas mili que el Capitán Trueno. Este les está dando una clase teórica y practica de las cosas que pueden encontrar en jungla y que pueden consumir: todo tipo de fruta tropical, plantas son comestibles, de cuales se puede sacar agua, insectos fritos e incluso les muestra unas hiervas que les advierte que jamas se deben de fumar, les cuenta que era lo que fumaba el Viet Cong y los volvía locos…todos nos comemos la fruta, pero me quedo con las ganas de probar esas hierbas…otro día será . Este es el primer plato del menú del día.

Mientras me fumo un cigarro apartado de los soldados, me doy cuenta que allí hay una gallina y un gallo, también en una cesta hay diferentes tipos de cobras, pero no se, hace menos de un mes que empezó el año de la Serpiente en el calendario chino, pero creo que esas serpientes no son precisamente para celebrar el año nuevo.

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El suboficial tailandés manda que le traigan la gallina, la coge por el cuello y dándole unos giros circulares con su brazo en forma de aspa de molino, decapita al animal como si nada. Entonces pide algún voluntario para hacer lo mismo con el gallo, y ahí llega el aspirante a Chuck Norris, el soldado de primera Hien, agarra al gallo por la cabeza, gira su brazo haciendo lo mismo que el monitor y…sorpresa!, la cabeza del gallo sigue en el mismo lugar, lo intenta de nuevo, pero el obstinado gallo no quiere perder la cabeza, entonces el instructor le dice: si no puedes decapitarlo así, hazlo con los dientes“ y allí empieza una lucha entre los dientes del soldado y el cuello del gallo, mordiscos, tirones de carne, aleteo del animal. Gallo y soldado sufren de manera diferente durante esos minutos que dura la pelea, creo que el gallo hubiese preferido una guillotina, mas rápido. El segundo plato del menú está servido.

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Pero todavía falta el postre en este extraño menú y también por que no decirlo, lo que todos estaban esperando, la hora de la cobra. El suboficial enseña a los soldados como coger a una cobra, algunos juegan con ella agarrando al reptil de la cola. Entonces cuando ya han visto todas las variaciones de posibles cobras que se podrían encontrar en la selva, el instructor tailandés decapita a la primera cobra con su cuchillo, así quitando la cabeza y el extremo de la cola de la serpiente es mas fácil poder extraer y beber su sangre, si, si beber su sangre!  Todos los soldados quieren probar la sangre, nadie quiere quedarse sin postre, todos se ponen de rodillas mientras se exprime al reptil  y la sangre cae en las bocas abiertas de los soldados.

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Todos parecen disfrutar con ese extraño manjar, se vuelven locos, todos quieren la sangre del animal. Pero claro, ¿donde se ha visto una buena comida si después del postre no hay una copa?, pues aquí también la hay, el suboficial tailandés ha ido cogiendo las vesículas biliares de los reptiles y las ha introducido en un recipiente de cristal con vino de arroz. al finalizar la bebida esta lista para servirse, el instructor explica que esta bebida es buena para la caída del pelo y que ademas también da potencia sexual al hombre. El vino corre, todos bebemos esta vez, pero la verdad, a mi no me ha crecido el pelo…

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Y así termina este maravilloso buffet gastronómico, del cual el mismísimo Chuck Norris estaría bien orgulloso y es que ya lo dicen: “El rumor de que Chuck Norris es vegetariano es completamente cierto. No come nada hasta haberlo dejado en estado vegetativo con sus propias manos“. Bon profit.

John Bali

Los niños del Muay Thai

Posted By on diciembre 22, 2012

 

Una frase en el espejo con letras rojas te avisa de las tres reglas del lugar:”Trabaja duro. Cuando te sientas agotado, sigue trabajando duro. Si crees que ya no puedes más, continúa”. El campamento de boxeo tailandés (Muay Thai) Sangmorakot no es más que un rincón al aire libre en los terrenos del templo Sitaran en el corazón de Bangkok. ‘El jefe’, Atapong Aumanan, compró los terrenos a los monjes cuando dejó la policía para dedicarse plenamente a entrenar a los muchachos pobres para que, tal vez, se puedan convertir en lo que él no pudo llegar a ser, un campeón de Muay Thai.

La joya nacional de Tailandia

Para los tailandeses el  Muay Thai es lo que para los españoles el fútbol: el deporte nacional, lo que arrasa las audiencias en televisión, los deportistas a los que quieren parecerse los niños, los hombres por los que suspiran las mujeres…  El origen del Muay Thai se remonta a la antigua Siam. Cuenta la historia que la capital del reino fue atacada y tomada por la armada birmana y muchos guerreros fueron hechos prisioneros. El destino hizo que el rey birmano se encontrase allí, presidiendo unas fiestas religiosas en las que se celebraban representaciones de teatro, música y artes marciales, que duraban siete días y siete noches. Los birmanos, guerreros duros y orgullosos que desarrollaron su propio estilo de lucha, quisieron medir a un luchador birmano contra uno thai para demostrar su superioridad delante de su rey. Así pues, convocaron a los esclavos de la ciudad para que eligieran a un campeón. La elección fue unánime: un hombre guerrero y sencillo llamado Nai Khanom Thom. El combate se celebró la noche del 17 de marzo de 1774 en presencia del rey Mangra y el guerrero thai se proclamó vencedor absoluto. Ante la rápida victoria del enemigo, los birmanos ofrecieron otro luchador… y otro, y otro. Sin éxito. Fue entonces cuando el rey hizo llamar al Gran Maestre de la ciudad de Yakai y el rey Mangra prometió la libertad a Nai Khanom Thom  si lo derrotaba, cosa que hizo con asombrosa facilidad. Desde entonces, cada 17 de marzo, el pueblo tailandés rinde homenaje a su héroe, que representa el valor, el coraje y la determinación del pueblo.

A pesar de ser un deporte tan ancestral, la joya nacional de Tailandia es considerada una de las artes marciales más duras y violentas del mundo, donde se emplean puños, pies, codos y rodillas. Las peleas entre niños, que tan solo cuentan con una tradición de cuarenta años, están prohibidas a los menores o a quienes pesen menos de 45 kilos. Pero esta ley solo se respeta en la capital, Bangkok, pues las mafias de las apuestas saben que, cuanto más joven es esl luchador, mayores son las apuestas y los beneficios, obligando a que los niños peleen en ferias populares o pequeños pabellones en los pueblos. De hecho, quienes apuestan conforman más de la mitad del público de las peleas de niños y, a veces, la familia o el mismo manager son los que apuestan por el boxeador.

Los hermanos boxeadores

Conocí a Son Pong y a In Pong en Sangmorakot,  dos hermanos que viven en el campamento. Tienen 11 y 13 años, pero cuentan con casi una cincuentena de combates. El jefe les acogió como a muchos otros  chicos que llaman a su puerta con un sueño. Muchos vienen de las afueras, pero ellos llegaron de la ciudad, de un barrio pobre de Bangkok, donde la familia se gana el sustento en una parada ambulante de fruta. Su madre, gran aficionada al Muay Thai, los llevo por primera vez al gimnasio cuando solo tenían cuatro años.

Son dos de los niños que viven en el campamento y su sueño es igual al de muchos otros  en Tailandia, un sueño simple: convertirse en campeones. Y lo que eso significa: una casa para la familia, ser iguales a muchos otros niños, subir de escalafón en la escala social, que su foto este colgada al lado de las de otros campeones del campamento, en ese lugar bien visible donde solo pueden estar las imágenes de los elegidos y, quién sabe, quizás algún día ganar en el estadio de Lumpini, el más importante de Bangkok. Pero la élite esta solo destinada a unos pocos y no todos podrán llegar.

El día empieza a las cinco de la mañana

El día empieza muy temprano para los luchadores. Seis días a la semana se levantan a las cinco de la mañana, cuando el sol empieza a asomar en la ciudad, salen a correr ocho kilómetros por los alrededores del templo, en una zona tranquila y segura tras esquivar el infernal tráfico de Bangkok, donde pueden también, pues no olvidemos que son niños, jugar. Después llega una ligera sesión de entrenamiento que a cualquier mortal dejaría exhausto, pero no a ellos, ese no es el lema de Sangmorakot, ellos tiene mucho que hacer, mucho que soñar. El momento del desayuno junto al resto de los luchadores les permite escuchar las historias de los combates de los más mayores y aprender. El jefe no solo quiere convertirles en campeones, también en hombres: los viste, le da de comer, los lleva a la escuela, les enseña los valores de la vida. Por eso, tras el desayuno, es el momento de hacer los recados, limpiar y ordenar todo el material de entreno que utilizarán por la tarde.

A mediodía, tras la comida y si no hay escuela, toca descansar y duermen hasta las cuatro de la tarde mientras los mayores, que empiezan a entrenar antes, calientan motores. En un callejón adyacente al ring un gran bidón de agua sirve de ducha y, de paso, para aprovechar unos momentos en el caluroso Bangkok y jugar con el agua antes de empezar una sesión de entrenamiento maratoniano: saltar a la cuerda, interminables sesiones golpeando sacos de arena que parecen gigantes a su lado, combate cuerpo a cuerpo y todo tipo de ejercicio físico. Es una sesión de más de tres horas que, cuando finaliza, agotados, se pesan en una antigua báscula oxidada y anotan el resultado en una pizarra. Esta cifra les supondrá tener más o menos oportunidades en el combate, pues deben enfrentarse a un muchacho con su mismo peso. Es decir que, cuanto más pesen, mas grande será su contrincante.

Al finalizar la cena, cansados y muchas veces magullados, buscan un lugar donde dormir, muchas veces una colchoneta encima del ring. Eso sí, siempre descansan cubiertos por una mosquitera, pues hasta en la capital de Tailandia, Bangkok, el mosquito sigue transmitiendo el Dengue y eso, para un luchador, es fatal, pues lo deja fuera de juego durante más de dos semanas y no se lo pueden permitir. ¿Cómo no van a tener miedo a ese insecto? Lo tienen y con razón, pues ese parásito ha llegado a frenar el avance de ejércitos enteros. ¿Qué no le haría a un niño? Pues, al fin y al cabo, no son más que eso, niños.

En los días de vacaciones escolares van dos días a ver a la familia. Sus padres y sus tres hermanos viven en una pequeña habitación con un lavabo en otra estancia, en la planta baja de un barrio humilde muy cercano a un  Klong o canal, un lugar que durante  la época de lluvia del monzón provoca que muchas veces se inunden las viviendas. Camino de casa los dos hermanos saludan a todos los vecinos, todos les conocen, todos saben quién son los luchadores y tal vez algún día puedan decir que aquellos muchachos que ahora salen en la televisión y que son jaleados por muchedumbres en los combates antes vivían en ese barrio. Aunque para ellos, el barrio es un sitio donde montar en bicicleta,  jugar con su hermano más pequeño, o ver la película en DVD de Mr. Bean, pues la antena de la televisión no funciona muy bien. Ellos siguen riendo con las mismas bromas del humorista, una y otra vez. Son momentos para reír y jugar libremente.

 

Llega el gran día

Son las cuatro de la tarde de un sábado, hemos quedado en el campamento para dirigimos a Bang Bua Thom, un pequeño pueblo de gente agricultora al norte de Bangkok. Tres niños van a luchar allí, Son Pong, In Pong y un muchacho de 16 años, el más mayor, aunque  por su constitución no aparentaría en Europa más de doce o trece. Los chicos están tranquilos, el día anterior no tuvieron que entrenar y pudieron dormir hasta más tarde, visitaron a la familia y estuvieron exentos de cualquier tarea, pues hoy es día de combate. Llegamos a Bang Bua Thom dentro de una furgoneta, los niños han hecho casi todo el viaje durmiendo o jugando a una PlayStation que ha traído un chico que les acompaña y que les ayudará en los prolegómenos del combate. Nos dirigimos a las afueras del pueblo, están en fiestas y en una misma zona coinciden donde algunos comen ágapes festivos, los niños del pueblo tiran dardos a unos globos para ganar algún muñeco o saltan y ríen en las camas elásticas. En el extremo más alejado del de la feria ambulante, está instalado un improvisado ring iluminado por unas bombillas y rodeado de un débil perímetro de vallas que delimita el acceso al publico. El grupo extiende una manta en el suelo de tierra y todos se untan de linimento contra las picaduras de mosquito, pues el pueblo está situado muy cerca del río Chao Praya y empieza a anochecer. El equipo cena en un puesto de comida, los chicos se sientan en unas sillas cercanas al ring, esperan, están serios, nerviosos, falta poco para la pelea.

Son Pong es el primero que peleará. Mientras se prepara y un muchacho le ayuda a impregnarse de un ungüento que le permite entrar en calor más rápido, en el ring ha empezado el primer combate: dos niños de no más de seis años se dan patadas y puñetazos con unos guantes que por el tamaño otorgan a los luchadores una imagen que bien podría parecer algo cómico, una broma. Pero allí ya nada es de broma, la gente vitorea cada golpe que llega a su destino, mientras las mafias de las apuestas ya han empezado a trabajar, un juego de manos y señales de dedos por encima de las cabezas indican cuánto y por quién quieres apostar.

Llega la hora, Son Pong se pone en la cabeza el mongkon (una banda cuidadosamente entretejida que representa a la escuela de la que que provienen), sube al ring, el árbitro les presenta al público. Su oponente es algo más alto que él, seguramente mayor y por tanto con más experiencia que Son Pong. Empieza a sonar una aguda música -en los grandes estadios hay músicos tocando tradicionales instrumentos, pero aquí no, la música sale de un gran y viejo altavoz- e inician una danza ritual. Sin que cese la música ensordecedora, los niños ya están en el ring golpeándose. Son cinco asaltos de tres minutos cada uno, pero a Son Pong las cosas no le van muy bien y se le convertirán en horas, mientras su entrenador le grita hasta quedarse sin voz en un extremo del ring y él sélo intenta cubrirse de los golpe que le lanza su oponente. El árbitro se ve obligado a separarlos varias veces pues él intenta agarrarse a su contrincante para evitar que éste le de más patadas, puedo ver la expresión de miedo en sus ojos. Es la primera vez, sabe que está perdiendo el combate y eso no es bueno para sus sueños. El otro niño no le da ningún tipo de respiro, no deja de golpearle, mientras la gente grita excitada a cada golpe de los niños y los corredores de apuestas ya tienen claro quién ganara el combate. Su padre lo mira con expresión seria desde un rincón, sólo se acercará a él cuando todo haya acabado. Es entonces cuando se lleva a su hijo a un rincón a animarlo, a decirle que la próxima vez ganará el combate, que no se ha lesionado y que así dentro de 15 días podrá volver a pelear y ganar más dinero pues a veces, cuando las apuestas son buenas, ellos reciben algún tipo de ‘regalo’ de los corredores, unos regalos que a veces doblan el dinero que les pagan por subir al ring.

Su hermano In Pong tendrá -depende del punto de vista- más o menos suerte, pues ‘El jefe’ no le deja pelear, ya que su oponente es mucho mayor que él y le podría hacer verdadero daño. Él no está contento, ni mucho menos, ya estaba preparado y de esta manera no conseguirá ni siquiera el dinero que ha ganado su hermano por subir al ring. Durante toda la noche se suceden los combates de niños, entre ellos la lucha estrella, en la que se enfrentan dos niñas de no más de 13 años. El tercer muchacho que nos acompaña en el viaje, el más mayor, también pierde el combate. Le han partido una ceja y tiene que salir del ring sangrando.

El viaje de vuelta al campamento se hace en silencio. Llegamos a Bangkok entrada la madrugada, dejo a los chicos en el campamento y cojo un taxi que me lleve a casa. Les volvería a ver unos días más tarde, hablamos con la ayuda de un amigo tailandés. Charlamos de su futuro, me confirman lo que ya había visto en sus ojos, que solo piensan en el Muay Thai, pero que ahora también quieren aprender inglés. Les pregunto por qué y ellos me dicen que así podrán hablar conmigo. Me vuelvo a casa contento. Ya tengo dos nuevos amigos.

 Fotos y texto: John Bali

A nadie le amarga un dulce

Posted By on octubre 8, 2012

 De vez en cuando, solo de vez en cuando y para que no me acostumbre a la buena vida y a las fotos llamemos las “bonitas“ , me invitan a algún desfile de moda. Esta vez fue mi amiga Nuria Stuart diseñadora y jefa suprema de la marca de bikinis Phuket Mermaids, quien lo hizo y claro acepte. 

Fue en la Pattaya Fashion Week, un sábado por la noche. Así que no me lo pensé,  saque brillo a mis cámaras, limpie bien las ópticas para que estuviesen bien relucientes y me puse en camino desde Bangkok a Pattaya. Además pensaba, seguro que mis amigotes me agradecerán que cuelgue en el blog una entrada como esta. Y no pienso escatimar en espacio para poner fotos, es decir pocas palabras y muchas fotos, pero que conste que lo hago sólo por ellos. Para algo están los amigos, no?

Vale, vale, no quiero que me tachen de machista!!!  para las chicas que seguís el blog, aquí esta la dirección de Phuket Mermais por si queréis compara alguno de los bikinis, que seguro estaréis igual o mas guapas que estas modelos.  http://www.phuketmermaids.com

 

Prometía ser una gran noche y realmente lo fue, fotográficamente hablando, no penséis mal, ya sabéis lo mucho que yo disfruto haciendo fotos, pero encima, haciendo fotos a chicas guapas en bikini…poder estar en el backstage mientras se preparaban para salir al desfile…ya os podéis imaginar. Que eso, que a nadie le amarga un dulce, caramba!!

 

 

John Bali

La mejor ciudad del mundo…

Posted By on septiembre 12, 2012

El pasado mes de junio y como cada año la EUI (Unidad de Inteligencia Económica) hizo el ranking para la revista The Economist,  de cuales son las mejores ciudades del mundo para vivir. Y la ganadora fue Hong Kong.

Hong Kong  presume de tener cuatro de los quince edificios mas altos del mundo. También es conocida por “Shopping Paradise“ pues es una de las ciudades con mas tiendas Louis Vuitton y en donde puedes comprar casi cualquier cosa a un precio mas que bueno. A parte de ser uno de los poco paraísos fiscales de mundo.

La cosa no tendría mas historia, si no fuese porque también es una de las ciudades donde el metro cuadrado de vivienda es el mas caro del mundo y donde muchos de los habitantes de la antigua colonia británica, llegaron en busca un trabajo desde la ancestral China tengan que vivir en unos pequeños apartamentos de algunos de los barrios de la ciudad, como es el caso de este edificio en Kowloon, un barrio que ostenta históricamente el demérito de haber sido el núcleo urbano con la mayor densidad de población del Planeta

Por suerte para ellos, muchos ni hablan ni leen inglés, y por lo tanto, nunca leerán la revista, si no… realmente pensarían que Hong Kong es la mejor ciudad del mundo para vivir?

John Bali

Y ya nunca más volvió a llorar.

Posted By on septiembre 7, 2012

Pulsa sobre las imágenes

La primera noche la pasó entera llorando, sin pegar ojo, lo habia perdido todo, al dia siguiente bebió para dormir, desde entonces ya no llora por las noches, solo bebe y sueña con su anterior vida.

 Se llama Joel y le conocí en el North Cemetery de Manila la primera vez que allí fui, que es donde vive con su madre. (El North Cemetery como ya había explicado en otro post, es un cementerio de Manila donde viven cientos de personas, es una autentica ciudad, con sus calles, sus tiendas, su vida). Hicimos amistad en seguida, tiene un buen inglés y me pareció inteligente, es un buen tipo.

 Cuando regresé el pasado junio, lo fui a buscar al área donde nos habíamos conocido, como llegué temprano me dijeron que estaba durmiendo, mas tarde apareció por allí y estuvimos todos los días juntos, paseábamos por el cementerio, hablábamos de cosas varias, pero nunca hablábamos de su vida en el cementerio.  Una tarde mientras yo hacía fotos por el área donde él vive, (hacia una calor terrible aquel día en Manila) fuimos a comprar un par de cervezas a una de las tiendas que hay dentro del cementerio.

 Fue entonces cuando él me invito a su “casa“ para beberlas, no quería que nadie le viera bebiendo.  Vive junto a su madre de ochenta y tres años y su “hogar“ es un oscuro nicho sin luz eléctrica,donde duermen, cocinan y viven sobre tres tumbas olvidadas desde hace ya tantos años, que hasta los nombres de los que allí descansan han desaparecido, en una de ellas incluso se puede ver el interior (tengo que decir que aquel día me saque unos gusanos de mi camiseta…y prefiero no saber de donde venían), allí  su anciana madre y él tienen su vida y su hogar.

 Allí en su “casa“, con algunos tragos de cerveza los dos, le pregunté sobre su vida, que hacia allí un hombre como él, entonces fue cuando sacó un álbum lleno de fotografías, con unas fotos de una vida pasada, al ver aquello no me podia creer que aquel alegre chico que salía en todas las imágenes tan feliz fuese él, estaba en una gran casa, rodeado de gente, con niños y entonces le pregunte que habia pasado, tras unos tragos a la cerveza y unas caladas a un pitillo, me explico su historia, una triste historia, pero una historia real.  

 Joel era un chico normal, estudió en la universidad, se casó, tuvo dos hijos, vivia en una gran casa junto a toda la familia de su mujer, era feliz, pero un día como dice la letra de la canción de Fito y Lo Fitipaldis: “el demonio de la mala suerte, un día con sus garras lo cogió muy fuerte“. Todo cambió, perdio su trabajo de conductor, su mujer ya no lo amaba, ella amaba a otro hombre, le pidió que se fuese de casa y él no tenia donde ir, no tenia nada, así que decidió ir a vivir a un lugar donde sabia que vivía algún familiar suyo, se fue al North Cemetery de Manila, su madre para que no estuviese solo le acompaño.  

 En el North Cemetery lleva viviendo tres años, y cada noche intenta soñar que vuelve a su vida anterior, que esta que tiene tan solo es una pesadilla, y que cuando despierte, estará junto a su mujer y a sus hijos, pero cuando despierta, nada de eso ocurre. Aunque eso si, excepto aquel dia que me explico todo, siempre le he visto sonreír, nunca más ha vuelto a llorar.

John Bali

El hombre de la estación

Posted By on agosto 18, 2012

Pulsa sobre la imagen
 Cada noche le veía sentado en el suelo, en medio de una marabunta de gente que pasaba a su alrededor sin prestarle atención, algunos venían de sus trabajos, otros hacían las compras, otros tan solo iban y venían.
 Él estaba sentado en el suelo de una de las salidas del MRT (metro) de Hong Kong, la de Mongkok, uno de los barrios de trabajadores de la ciudad, antaño llamado el barrio chino de la ciudad, ahora repletos de joyerías y tiendas de moda,  una tiendas donde la mayoría de sus habitantes no pueden ni siquiera acercarse a sus escaparates, como un niño lo haría al de una pastelería. Demasiado lujos para ellos, que viven en unos diminutos pisos en una ciudad con mas tiendas de Louis Vuiton del mundo y con cuatro de los quince edificios mas altos del mundo. Un lujo al alcance de muy pocos.

John Bali

Vietnam…Good Morning????

Posted By on junio 10, 2012

Hace unos días fui al Norte de Vietnam para un encargo fotográfico que aquí no viene al cuento. Tras aterrizar en Hanoi y dormir en un fantástico hotel, en una súper King Size en un ambiente de calma total, ajeno al ruido de las calles de Hanoi.  Me levanté temprano,  vino un coche a buscarme junto al equipo de tv también asignado a este trabajo, y nos dirigimos hacia Bac Kam, mas al norte del país. 

El viaje…duró lo que suelen durar los viajes en Asia en coche, que si el trafico, que si las carreteras, que si ahora me paro a comer una sopa de fideos con pollo, que allí se llama Pho Ga y que ante la ausencia de lugares donde desayunar de manera occidental, me tocó comerlos cada mañana durante mi estancia en el Norte. Total unos ciento sesenta kilómetros, seis horitas de nada. Que bien!!!

Bac Kam en un pequeño pueblecito a unos kilómetros de la frontera china,  rodeado de impresionantes montañas y verdes campos, es un sitio tan tranquilo (o eso parece), que en serio!!!, te dan unas ganas de coger a tu búfalo o tu vaca y sacarlos a pasear por el campo como hace todo hijo de vecino!

La cosa se empezó a poner un poco peor al llegar al hotel…la cama era grande pero durísima, y la puerta de la habitación de cristal con lo cual entraría toda la luz de la mañana cuando amaneciese a las seis, ya que las habitaciones del hotel estaban en unos pasillos exteriores que daban a la calle. Pero bueno, eso no fue lo peor.

Después de algunas horas tras acostarme logré dormir, debía ser tarde, aunque tenia la sensación de dolor en ese sitio que utilizamos para sentarnos, pues la cama era igual que dormir en el suelo…o quizás el suelo hubiese sido mejor, pero ya digo eso no era lo peor que estaba por venir. 

Sobre las cuatro  y media de la mañana, me despierta una música a un nivel acústico bastante fuerte, pensé: algún vecino que acaba de llegar de fiesta…pero la música continuaba, tras intentar dormir, cosa que era imposible con aquella música a toda castaña, al final me decido a levantarme para ir y cruzar unas palabras con el vecino o con el que estuviese la música puesta a aquellas horas,  entonces justo a las cinco, cuando ya casi estaba en pie, la música cambia de ritmo, empieza mas militar y una voz que no entiendo lo que dice, pero que por el tono está como dando una orden y que acaba diciendo: VIETNAM!!!…, ?? y entonces me doy cuenta, no es un vecino, ni un tipo que llega de la discoteca con la fiesta encima, mierda, son los militares y están despertando al pueblo!!!.

Nuestras caras por la mañana eran un poema entre el  cansancio y esa extraña expresión de: aquí que ha pasado hoy? Ese día nos explicaron que eso lo hacían para decir a la gente que se levante y vayan hacer ejercicio, que empezaba un nuevo día y bla, bla, bla…pero hombre si eso está muy bien, pero a las cinco de la mañana…?, le respondí al que me lo explicó.Cada mañana que estuve en Bac Kam que fueron cinco lo mismo, cada día a las cuatro y media era como un desagradable despertador de tu casa con Radio Nacional en vietnamita a toda castaña y venga, vamos Vietnam, buenos días!!!! y pensabas: Good Morning Vietnam?????…y un huevo!!!!

John Bali