El hombre de la estación
Cada noche le veía sentado en el suelo, en medio de una marabunta de gente que pasaba a su alrededor sin prestarle ninguna atención, algunos venían de sus trabajos, otros hacían las compras, otros sólo iban y venían de algún lugar.
Él estaba sentado en el suelo de una de las salidas del MRT (metro) de Hong Kong, la de Mongkok, uno de los barrios de trabajadores de la ciudad, antes llamado el barrio chino de la ciudad, ahora llenos de joyerías y tiendas de moda , unos establecimientos de lujo donde la mayoría de sus habitantes no pueden ni siquiera asomarse a mirar en los escaparates de esos comercios que allí hay, al igual que haría un niño en una pastelería o en una tienda de juguetes y soñar que algún dia podrá tener uno.
Demasiados lujos para ellos, que viven en unos diminutos pisos en una ciudad con más tiendas de Louis Vuiton del mundo y con cuatro de los quince edificios más altos del mundo. Un lujo al alcance de muy pocos, quizás de ninguno de los habitantes de ese barrio.

